José Martí, lector de François Coppée (1)

portada_21_José MartíTomado de CubArte.

Por: Carmen Suárez León

Fecha: 2013-05-16 Fuente: Lettres de Cuba.

François Coppée (1842-1908) tuvo su hora de popularidad y mérito suficiente para ser admitido como miembro de la Academia en 1884. Nunca dudó de su condición de parnasiano, pero su estética fue polémica y paradójica y los poetas del Parnaso lo aborrecieron e hicieron burla de sus versos no pocas veces. Fernand Calmettes nos cuenta que su oficio como versificador, la pureza de sus metros y la riqueza de sus rimas lo colocaban legítimamente entre los parnasianos. Sin embargo, su lirismo intenso y sus célebres temas humildes estaban proscriptos para sus cofrades y precisamente esos temas sentimentales son los que le ganaron fama y reconocimiento. Cuando los ofendidos artepuristas hacían comentarios y se escandalizaban de su éxito, lo llamaban “laquista de suburbio”(2) aludiendo a sus tópicos sobre la vida de los parisienses pobres y asociándolos a su reconocida negación del lirismo de los laquistas ingleses. Lezama habría atribuido tan feroz ironía a lo que el llamaba “los manes del resentimiento vernáculo”.

En los fragmentos conservados de José Martí, llegan hasta nosotros algunos apuntes que se dedican a estudiar detenidamente los versos de Coppée. Su análisis gira en torno a los poemarios Les humbles (l872) y L’Exilée (1877).(3) Dos problemas poéticos están en el punto de mira martiano frente a esta poesía: uno es la técnica con que se hacen los versos, el otro, los temas “modernos” de Coppée, que se centran sobre la ciudad y la vida de los pobres en los barrios urbanos. Si pensamos en Versos libres y en Escenas norteamericanas, vemos con claridad el interés que ambos aspectos entrañan para su estética.

Estos fragmentos parecen pertenecer a la década de los años ochenta; Martí, bien colocado en su órbita colonial asumida como un mundo por emancipar, no está interesado en activar los registros de la antigüedad, no cree que allí halle respuestas, tampoco cree en la malignidad y perversión intrínsecas de los tiempos modernos,  como quieren verlo entonces los artistas decadentes, que hacen furor en Francia por esos mismos días. Su examen del mundo no es positivista sino positivo, asumiendo la ciencia como un nuevo valor humano. Si Coppée tiene a un París moderno ante los ojos, él tiene a Nueva York y eso lo hace muy sensible a los temas de la pobreza urbana.

De los trece poemas de Les Humbles, Martí anota algo sobre nueve. (4) Lo primero que sorprende de sus comentarios es la manera vertiginosa y aparentemente desordenada con que pasa su escritura del francés al español, del verso a la glosa del verso, del original en francés a su traducción. Por ejemplo, en su análisis de “La Nourrice” [La nodriza.], que es la historia de un casamiento infeliz entre una joven pobre y un  “galán bribón”, Martí anota:

La Nourrice.-

Linda moza se casa con un galán bribón.

Et le premier souflet près du ler baiser.-

Hijo – Miseria.

Va de nodriza “la mort dans le coeur”.

Ses pauvres seins gonflés de lait lui faisaient mal. (5)

Al mismo tiempo que glosa los versos, intercala fragmentos analíticos en los que estudia las excelencias técnicas del verso o diversos aspectos del contenido. Escribe el poeta cubano que “Sólo en manos de Teodoro de Banville y de Catulle Mendés es el verso más flexible que en manos de Coppée”. (6) Admira la facultad “gráfica” de matizar el verso con tintes y reflejos y de darle calidad sonora y texturas que más que describir pintan las escenas y modelan los caracteres.  Al analizar estas técnicas que se empeñan en la precisión y en la ausencia de palabras huecas en el estilo, Martí fija su atención en cierta adjetivación de Coppée que implica un salto analógico en el que se condensan el orden de lo físico con el orden de lo espiritual. Anota:

Mezcla deliciosamente las emociones del alma a las apariencias exteriores.

De un golpe salta del alma pudibunda a toda la naturaleza, y la mezcla (atrae) por un adjetivo dichoso con el afecto interior:

La fenêtre

s’ouvre sur le ciel nuptial.

Odia la verbosidad odiosa, y las fáciles acumulaciones rimbombantes, —los abalorios de la poesía—. (7)

Por donde podemos apreciar a Martí observando y estudiando en los modelos franceses contemporáneos los procedimientos que conducen al verso hacia la modernidad, y que están latentes en la poesía de Coppée, a horcajadas entre el Parnaso y el romanticismo. No podemos fechar con precisión estos fragmentos; sin embargo,  cuando Martí publica su Ismaelillo en 1882 —la misma fecha de la crónica sobre Sully—; para entonces ya le son familiares estos procedimientos y condensa sus imágenes y adjetiva enlazando instancias objetivas y subjetivas que potencian el significado poético en busca del registro simbólico: recuérdese que Martí habla en estos versos de un “príncipe enano” y de unas “internas aves”, y que puede construir versos como estos:                                    (…)

Suavemente la puerta

Del cuarto se abre,

Y éntranse a él gozosos

Luz, risas, aire.

Al par da el sol en mi alma

Y en los cristales.

¡Por la puerta se ha entrado

Mi diablo ángel!

(…)

…¡Pudiera yo, hijo mío,

Quebrando el arte

Universal, muriendo,

Mis años dándote,

Envejecerte súbito,

La vida ahorrarte!-

Mas no: que no verías

En horas graves

Entrar el sol al alma

Y a los cristales! (8)

Además de las observaciones técnicas, Martí alaba especialmente un aspecto ético de esta poesía. Anota: “Toda la poesía de la honradez, jamás puesta en verso hasta este siglo, encaja por un arte sencillo en sus versos: y eso viene a ser Coppée, y su gran mérito, en un país de gente impura: el poeta ve los honrados…” (9) Martí ha apreciado la época que vive París y Europa misma, como una época de decadencia y falta de valores. Por ello esa reivindicación poética de la humildad y la pobreza le parece tan meritoria en Coppée.

No deja de advertir, sin embargo, con inquisitiva agudeza, la huella baudelairiana en el poema “La famille du Menuisier” [La familia del carpintero]. Escribe: “De las contradicciones brutales e inmorales de la vida, con estilo de Baudelaire, este es un ejemplo.” (10) El poema narra con timbre irónico y siniestro, la historia de un carpintero que fabrica féretros y describe a los hijos y a la esposa, contentos y saludables, satisfechos de tantas muertes que les dan la prosperidad. Este tipo de observación muestra claramente el conocimiento que tenía de los diversos registros de la poesía francesa. El racionalismo moderno saca a la luz esas “contradicciones brutales e inmorales de la vida”, y Baudelaire hace con ellas una poesía descarnada y hasta ingenua, cuyas reminiscencias no pasa por alto Martí al leer a Coppée.

Al intercalar reflexiones generales, dentro de estos apuntes precisos sobre un poema u otro, Martí escribe: “La de Les Humbles no es poesía condensada y perfumosa, sino recitativa, y como de cuentos poéticos, aunque la poesía, más que en la esencia, está en la vestidura.” (11) Formula así una discrepancia definitiva, que es la que al fin y al cabo le reprocharon a Coppée los que vinieron tras él, y que era la de colocarse fuera de la verdadera poesía moderna al escribir versos centrados en la narración, sin conseguir una verdadera tensión poética.

Y más adelante, cuando analiza L’Exilée con la misma minuciosidad, dejará escrito un haz de juicios que manifiestan la modernidad y madurez del pensamiento martiano sobre la poesía, no atrapado en sus simpatías por las temáticas de Coppée.

No alcanza la universalidad de sentimiento, grado esencial de cristalización para la viabilidad de una poesía. Lo de uno solo no interesa, sino es lo de todos. Los detalles pasan: y solo lo esencial queda.

Juguetes de rima difícil e ingeniosa. Placer de la mano desocupada en vencer dificultades en honor de la que ama.

Recalentamientos voluntarios, y renacimientos ¡ay! incompletos de la fantasía mortalmente herida.

El amor puro tiene tendencias a la plasticidad. Le place la alegoría por lo mismo que le place el misterio. (12)

Notas: 

(1) Extraído de Carmen Suárez León: La sangre y el mármol. Martí, el parnaso, Baudelaire. La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2002, pp. 101-112.

(2) Calmettes, Fernando : Leconte de Lisle et ses amis.  París, Libraries Réunis, l9(?),  p. 172.

(3) Martí, José: [Fragmento 424 a 430]Obras completas, La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1975.  t. 22, pp. 290-302.

(4) “La Nourrice”, “Le Petit Epicier”, “En Province”, “Emigrants”, “Une Femme Seule”, “Simple Ambition”, Dans la Rue”, “La Soeur Novice”, “La Famille du Menuisier”. Quedan sin comentarios: “Un Fils”, “Petits Bourgeois”, “Le Musée de Marine”, “Joujoux d’ Allemagne”.

(5) Martí, José: Ob. cit., t. 22, p. 292.

(6) Ibídem. t. 22, p. 290.

(7) Ibídem. t. 22, pp. 29l-292.

(8) Martí, José: “Musa traviesa”. Ob. cit., t. l6, pp. 28 y 3l.

(9) Martí, José: Ob. cit., t. 22, p. 29l.

(10) Ibídem. t. 22, p. 295. Se refiere a estos versos de Coppée: Le marchand de cercueils vient de trouver ses manches / Et rabote en sifflant, les pieds dans les copeaux; / L’année est bonne, il n’as pas le moindre repos, / Et même il en boit son gain tous les dimanches. //  Tout en jouant parmi les longues bières blanches; / Ses enfants, deux blondins tout roses et dispos, / Quand passe un corbillard, lui tirent leurs chapeaux / Et bénissent la mort qui fait vendre des planches. // La mère, supputant de combian s’accroîtra / Son épargne, s’il vient un nouveau choléra, / Tricote, en souriant, au seuil de la boutique. // Et cet groupe joyeux, dans l’or d’un soir d’été, / Offre un tableau de paix naïve et domestique / De bien-être honorable et de bonne santé.

(11) Ibídem. t. 22, p. 293.

(12) Ibídem. t. 22, p. 298.

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