“El nuevo Gobierno de Estados Unidos no atiende el reclamo, expresado en esta Asamblea año tras año, para que se ponga fin al bloqueo contra Cuba”

Debate general del 64to. Período de sesiones de la Asamblea general de la ONU.

Nueva York, 28 de Septiembre de 2009.

Discurso de Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba en la ONU.

Señor Presidente:

Deseo felicitarlo por su elección y confirmarle nuestra confianza en su capacidad para conducir con certeza nuestros trabajos y deliberaciones.

Deseo reconocer también la excelente gestión del Padre Miguel D’ Escoto, Presidente del recién concluido período de sesiones. La dimensión ética y el alcance político de su Presidencia nos hicieron avanzar en el propósito de devolver a esta Asamblea todos sus poderes y constituirán una obligada referencia en el futuro. Con su ejemplo, ha quedado más claro que reformar a las Naciones Unidas es democratizarlas y acercarlas a los pueblos.

Desde que se celebró el debate general hace un año, han ocurrido acontecimientos significativos en la escena internacional. El cambio climático es más perceptible y peligroso. La crisis económica adquirió carácter intenso y global. Creció la exclusión social.

Sin embargo, la comunidad internacional reaccionó con profundo optimismo al cambio de gobierno en Washington. Parecía que terminaba una etapa de extrema agresividad, unilateralismo y arrogancia en la política exterior de ese país y quedaba hundido en el repudio el infame legado del régimen de George W. Bush.

Como en esta misma sala pudo apreciarse, el discurso novedoso y conciliador procedente de la Casa Blanca concita amplia esperanza y sus reiterados mensajes de cambio, diálogo y cooperación han sido bienvenidos. Desafortunadamente, el tiempo transcurre y el discurso no parece sustentarse en hechos concretos. El discurso y la realidad no coinciden.

Lo más grave y peligroso de esta nueva situación es la incertidumbre sobre la capacidad real de las actuales autoridades en Washington para superar las corrientes políticas e ideológicas que bajo el mandatario anterior amenazaron al mundo.

Las fuerzas neoconservadoras, que colocaron a George Bush en la Presidencia, promotoras del uso de la fuerza y la dominación, al amparo del descomunal poderío militar y económico estadounidense; responsables de crímenes que incluyen la tortura, el asesinato y la manipulación del pueblo norteamericano, se han reagrupado rápidamente y conservan inmensos resortes de poder e influencia contrarios al cambio anunciado.

No se ha cerrado el centro de detención y tortura en la Base Naval de Guantánamo que usurpa territorio cubano. No se ha producido la retirada de las tropas de ocupación en Irak. La guerra en Afganistán se expande y amenaza a otros Estados.

En el caso de Cuba, que ha sufrido la agresión de Estados Unidos durante medio siglo, el nuevo gobierno anunció el pasado abril medidas para suprimir algunas de las acciones más brutales del gobierno de George W. Bush que prohibían los vínculos de los cubanos residentes en los Estados Unidos con sus familiares en Cuba, en particular, la posibilidad de visitarlos y de enviarles ayuda sin limitaciones. Estas medidas constituyen un paso positivo, pero extremadamente limitado e insuficiente.

El anuncio incluyó la autorización para que empresas estadounidenses realicen determinadas operaciones de telecomunicaciones con Cuba, pero no se han modificado otras restricciones que impiden su aplicación. Tampoco hay signos de que el gobierno norteamericano se disponga a poner fin a la práctica inmoral, extendida en los últimos días, de robar fondos cubanos congelados en bancos norteamericanos y otros bienes, al amparo de órdenes de jueces venales que violan sus propias leyes.

Lo esencial es que el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba permanece intacto.

El Presidente de los Estados Unidos, pese a la existencia de leyes como la Helms-Burton, conserva amplias facultades ejecutivas, como las licencias, mediante las cuales podría modificar la aplicación del bloqueo.

Si existiera una verdadera voluntad de cambio, el gobierno norteamericano podría autorizar la exportación de bienes y servicios cubanos a los Estados Unidos y de los Estados Unidos a Cuba.

Podría permitir a Cuba adquirir en cualquier parte del mundo un producto que contenga más de un 10% de componentes o tecnología de los Estados Unidos, con independencia de su marca u origen.

El Departamento del Tesoro podría abstenerse de perseguir, congelar y confiscar las transferencias de terceros países en dólares estadounidenses y otras monedas, dirigidas a entidades y nacionales cubanos.

Washington podría suspender la prohibición a embarcaciones de terceros países de atracar en puertos de los Estados Unidos hasta 180 días después de haber tocado un puerto cubano.

Podría también suspenderse la persecución por parte del Departamento del Tesoro a las empresas y entidades financieras que comercian y operan con Cuba.

El Presidente Obama podría permitir a los ciudadanos estadounidenses, mediante licencias, viajar a Cuba, único país del mundo que se les prohíbe visitar.

El informe a esta Asamblea del Secretario General de las Naciones Unidas, cuenta con ejemplos abundantes. En el año 2009, se han registrado numerosas acciones para multar, confiscar y entorpecer transacciones cubanas y de terceros países hacia Cuba.

Según informa el propio Departamento del Tesoro, desde enero de este año, casi la mitad del dinero recaudado por su Oficina de Control de Activos Extranjeros, provino de las sanciones aplicadas a empresas estadounidenses y extranjeras por supuestas violaciones del bloqueo económico contra Cuba.

El hecho cierto e indiscutible es que el nuevo Gobierno de los Estados Unidos permanece sin atender el reclamo abrumador de la comunidad internacional, expresado en esta Asamblea General año tras año, para que se ponga fin al bloqueo contra Cuba.

Hace dos semanas, el Presidente Obama notificó a los Secretarios de Estado y del Tesoro, contra lo que reflejan todas las encuestas de opinión de los norteamericanos, que “es de interés nacional” mantener las sanciones económicas contra Cuba bajo la Ley de Comercio con el Enemigo, aprobada en 1917 para enfrentar situaciones de guerra y que sólo se aplica a Cuba.

El bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba es un acto de agresión unilateral al que se le debe poner fin de manera unilateral.

Desde hace muchos años, Cuba ha expresado su disposición a la normalización de relaciones con los Estados Unidos.

El pasado primero de agosto, el Presidente Raúl Castro reiteró públicamente la disposición de Cuba de sostener con Estados Unidos un diálogo respetuoso, entre iguales, sin sombra para nuestra independencia, soberanía y autodeterminación. Acotó que debemos respetar mutuamente nuestras diferencias y que no le reconocemos al gobierno de ese país, a ningún otro ni a conjunto de Estados alguno, jurisdicción sobre nuestros asuntos soberanos.

El gobierno de Cuba ha propuesto al gobierno de los Estados Unidos como temas esenciales que considera necesario abordar en un eventual proceso de diálogo dirigido a mejorar las relaciones, el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero; la exclusión de Cuba de la espuria lista de países terroristas; la abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la “política de pies secos-pies mojados”; la compensación por daños económicos y humanos, la devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo; el fin de las agresiones radiales y televisivas desde los Estados Unidos contra Cuba, y el cese del financiamiento a la subversión interna.

Un tema esencial en esa agenda es la liberación de los Cinco antiterroristas cubanos que sufren, desde hace once años, injusta prisión en los Estados Unidos. El Presidente Obama tiene las prerrogativas constitucionales para ponerlos en libertad, como acto de justicia y de compromiso de su Gobierno contra del terrorismo.

Hemos propuesto a los Estados Unidos, además iniciar conversaciones para establecer cooperación en el enfrentamiento al narcotráfico, al terrorismo y al tráfico de personas, para proteger el medio ambiente y enfrentar los desastres naturales.

En este espíritu, el gobierno cubano ha sostenido, con el de los Estados Unidos, conversaciones migratorias y sobre el restablecimiento del servicio de correo postal directo. Dichas conversaciones han sido respetuosas y útiles.

Señor Presidente:

Cuba disfruta de vínculos amplios y productivos en todos los rincones del planeta. Con la única excepción de los Estados Unidos, Cuba tiene relaciones de amistad con todos los países de este hemisferio y cuenta con la solidaridad de la región.

Practicamos la cooperación solidaria con decenas de países de África, Asia y de América Latina y el Caribe.

El nuestro es un país estable, con un pueblo unido, culto y saludable, que ha demostrado con creces que es capaz de enfrentar, aun en condiciones de bloqueo, las consecuencias de la crisis económica global y los efectos del cambio climático, que en el último año costaron a la economía nacional el 20% de su Producto Interno Bruto.

Cuba tiene condiciones para encarar sus propios problemas y encontrarles solución. Lo hacemos en una sociedad justa y equitativa, que descansa sobre sus propios esfuerzos y que ha podido avanzar y encaminar su desarrollo en las condiciones más adversas.

Estamos preparados para seguir asumiendo esos retos con ecuanimidad y paciencia, con la confianza de que ningún ciudadano ha quedado ni quedará desamparado, y con la seguridad de que defendemos una causa de independencia nacional y un proyecto socialista que cuentan con un enorme respaldo de los cubanos.

Sufren espejismos quienes tratan de poner fin a la Revolución y doblegar la voluntad del pueblo cubano. El patriotismo, la justicia social y la decisión de defender la independencia, forman parte de nuestra identidad nacional.

Señor Presidente:

América Latina y el Caribe viven una dramática coyuntura, que se define por la aguda contradicción entre las grandes mayorías, que junto a gobiernos progresistas y amplios movimientos sociales reclaman justicia y equidad, frente a las oligarquías tradicionales empeñadas en preservar sus privilegios.

El golpe de Estado en Honduras es un reflejo. Los golpistas y usurpadores que secuestraron al Presidente legítimo de ese país, violan la Constitución y reprimen brutalmente al pueblo, como en la época oscura de las dictaduras militares sostenidas por Estados Unidos en América Latina.

Cientos de miles de asesinados, desaparecidos y torturados se agitan en la conciencia de “Nuestra América” ante la impunidad.

Todavía no se ha aclarado por qué el avión que secuestraba al Presidente constitucional hizo escala en la Base Aérea norteamericana de Palmerola. La derecha fascista norteamericana, que simboliza Cheney, apoya abiertamente y sustenta el golpe.

El Presidente José Manuel Zelaya debe ser restituido, de forma plena, inmediata e incondicional en el ejercicio de sus funciones constitucionales.

La inviolabilidad de la Embajada de Brasil en Tegucigalpa tiene que ser respetada y el asedio y la agresión a sus predios deben cesar.

El pueblo hondureño resiste heroicamente y dirá la última palabra.

Estos hechos coinciden con el renovado y agresivo interés de los Estados Unidos en implantar bases militares en América Latina y el restablecimiento de la Cuarta Flota, obviamente con el objetivo de poner a la región al alcance de las tropas norteamericanas sólo en cuestión de horas, amenazar a los procesos revolucionarios y progresistas, en particular a la Revolución Bolivariana en la hermana Venezuela, y de procurar el control del petróleo y otros recursos naturales de la región.

Las calumnias y las mentiras contra la República Bolivariana de Venezuela son brutales. Debe recordarse que así surgieron y se llevaron a cabo atroces agresiones contra nuestra Patria.

Cuanto más amplia y más clara sea la política hacia ese hermano país; más se contribuirá a la paz, la independencia y el desarrollo de los pueblos de América Latina y el Caribe.

América Latina y el Caribe pueden avanzar y hasta cierto grado avanzan hacia formas nuevas y superiores de integración. Dispone de agua, tierras, bosques, recursos minerales y energéticos superiores a cualquier otra región del planeta. Su población rebasa los 570 millones.

El Grupo de Río, la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC) y UNASUR son organismos creados en virtud de los lazos que nos unen.

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP) y el esquema de cooperación de PETROCARIBE, son ejemplos cimeros.

Señor Presidente:

Los recientes y moderadamente optimistas pronósticos sobre la evolución de la crisis económica global, que auguran una posible recuperación económica para inicios del año próximo, no se sustentan en datos sólidos y, en el mejor de los casos, sólo refieren un alivio de la caída experimentada por un grupo muy restringido de las economías más poderosas del planeta.

Nadie debiera ignorar que se trata de una crisis inédita del sistema capitalista que engloba respectivas crisis alimentaria, energética, ecológica, social y financiera; ni el peligro de la combinación inflación-deuda, del estallido de otras burbujas financieras o de una segunda caída.

Los países en desarrollo no son responsables sino víctimas de las consecuencias del modelo irracional e insostenible de consumo, de la explotación y la especulación, del ataque al medio ambiente, de la corrupción en las economías industrializadas.

Mientras se debate, el número de hambrientos alcanzará una cifra record de 1 020 millones en el 2009, la sexta parte de la población mundial. En este año serán lanzadas a la pobreza unos 90 millones de personas más y al desempleo otros 50 millones. Otros 400 mil niños, previsiblemente, morirán a consecuencia de la crisis en estos meses.

Las medidas que se adoptan son simples paliativos, que preservan las graves deficiencias de un sistema económico internacional injusto, excluyente y ecológicamente insostenible. Es necesario un diálogo internacional, plenamente abarcador e inclusivo, con la activa participación de todos los países en desarrollo.

Se requiere establecer un nuevo orden económico internacional, basado en la solidaridad, la justicia, la equidad y el desarrollo sostenible. La arquitectura financiera internacional debe ser refundada. A las Naciones Unidas, y en particular a esta Asamblea General, corresponde un papel central en este esfuerzo.

Señor Presidente:

Al concluir estas palabras, deseo reiterar el agradecimiento de Cuba por la tradicional e inapreciable solidaridad que ha recibido de esta Asamblea General en su lucha contra la agresión y el bloqueo. Hoy esa solidaridad continúa siendo imprescindible.

Como expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en este mismo podio, hace nueve años: “Nada de lo que existe en el orden económico y político sirve a los intereses de la humanidad. No puede sostenerse. Hay que cambiarlo. Basta recordar que somos ya más de 6 mil millones de habitantes de los cuales el 80 porciento es pobre. Enfermedades milenarias de los países del Tercer Mundo como la malaria, la tuberculosis y otras igualmente mortíferas no han sido vencidas; nuevas epidemias como el SIDA amenazan con extinguir la población de naciones enteras, mientras los países ricos invierten sumas fabulosas en gastos militares y lujos, y una plaga voraz de especuladores intercambian monedas, acciones y otros valores reales o ficticios, por sumas que se elevan a millones de millones de dólares cada día. La naturaleza es destrozada, el clima cambia a ojos vista, las aguas para el consumo humano se contamina y escasean; los mares ven agotarse las fuentes de alimentos para el hombre; recursos vitales no renovables se derrochan en lujos y vanidades… El sueño de alcanzar normas verdaderamente justas y racionales que rijan los destinos humanos, a muchos les parece imposible. ¡Nuestra convicción es que la lucha por lo imposible debe ser el lema de esta institución que hoy nos reúne!”

Pese a todo, la Revolución cubana celebra victoriosa y segura su 50 Aniversario.

Muchas gracias.

Tomado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2009-09-28/discurso-de-bruno-rodriguez-parrilla-ministro-de-relaciones-exteriores-de-cuba-en-la-onu-/

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