Martí, Fidel y el Moncada

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Tomado de Cubaperiodistas

Por María Luisa García Moreno.

Resulta un hecho archiconocido que, tras ser detenido por los sucesos del Moncada, Fidel declaró que José Martí era el autor intelectual de aquel movimiento insurreccional y, por si fuera poco, lo reiteró en su tremendo alegato de autodefensa: “[…] De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. ¿O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de julio?”1

Para los que hemos tenido la inmensa satisfacción de compartir nuestro tiempo vital con el de Fidel Castro, la relación entre ambas figuras cimeras de la historia de Cuba es evidente; basta un recorrido por la oratoria del Comandante para reconocer, en su pensamiento y en su palabra, el pensamiento y la palabra martianos, a su vez, síntesis de la ideología de los padres fundadores de la nación cubana y clara evidencia de la continuidad de nuestro devenir histórico. Sin embargo, quizás para las nuevas generaciones, la frase, por repetida, sea solo un cliché. De ahí la necesidad de esclarecer la intrínseca conexión que hay entre ambos líderes.

A pesar de los más de setenta años que los distancian, otro gran revolucionario, Julio Antonio Mella, inmenso como ellos, supo ver en Martí “[…] el intérprete de una necesidad social de transformación en un momento dado” y añadió: “Hoy, igualmente revolucionario, habría sido quizás el intérprete de la necesidad social del momento […]”,2 frase que mucho nos recuerda aquella otra memorable de Fidel: “Entonces habríamos sido como ellos; ellos hoy habrían sido como nosotros”.Ambas ideas permiten comprender la relación entre el ser humano y su tiempo, y a la vez, la analogía y continuidad entre los hombres —su quehacer y sus ideas— más allá de su propio tiempo.

Martí desarrolló su proyecto revolucionario con el claro objetivo de poner fin al colonialismo español en América con la independencia de Cuba y Puerto Rico, restos del otrora fabuloso imperio, y al mismo, con la liberación de estos pueblos, frenar las apetencias de Estados Unidos. Intentaba continuar la obra de los próceres americanos, pues “[…] al poema del 1810 falta una estrofa, y yo, cuando sus verdaderos poetas habían desaparecido, quise escribirla”.4 La independencia de Cuba y Puerto Rico era para Martí esa estrofa y el momento de escribirla había llegado.

Había visto, además, en México, Guatemala y Venezuela, como “[…] La colonia continuó viviendo en la república” y pretendía contribuir a salvar a América de “sus grandes yerros”.Supo ver el peligro imperialista que se cernía sobre América y alertó: “De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite [el Congreso Internacional de Washington (1889)], urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”.6

Las caídas en combate del mayor general José Martí y —no mucho después—del lugarteniente general Antonio Maceo privaron al movimiento insurreccional cubano de sus figuras más lúcidas, y facilitaron la intervención de Estados Unidos en la Guerra de Independencia, con la consecuente frustración del ideario martiano. La República instaurada en 1902 no tenía nada que ver con ese ideario: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio integro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre,—o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”.7

En los diferentes gobiernos de nuestra República neocolonial, también continuó viviendo la colonia. En apretada síntesis, Mella, paladín de su tiempo; los revolucionarios de la década del treinta, incluidos Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras Holmes; Eduardo Chibás y tantos otros, de una u otra forma, combatieron los diferentes males que azotaban la sociedad cubana y desde las trincheras que les deparó su tiempo, bebieron en los ejemplos que les antecedieron y muy especialmente en el de José Martí. A la vez, dejaron a las generaciones que les sucederían un importante legado patriótico. Fidel recogió esas ideas y las incorporó de forma creadora a su pensamiento y a la obra que realizaría en el momento histórico que le correspondió, diferente aunque similar, al que sirvió de contexto a Martí.

En su alegato de autodefensa y en correspondencia con la problemáticas de su tiempo, Fidel definió: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política”.8 Pero ¿acaso en la solución a esos problemas no está el respeto al “decoro del hombre”?

La obra de la Revolución en el poder iría mucho más allá: no por gusto en nuestra Constitución se recoge la idea martiana: “[…] yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. […]”.9

Notas

1 Fidel Castro: La historia me absolverá, edición anotada, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2016, p. 36.

2 Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba: J. A. Mella, documentos y artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 267-268.

Fidel Castro: “Discurso pronunciado para honrar a los mártires del 13 de marzo”, 13 de marzo de 1963, en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/

4 José Martí: “Discurso pronunciado en el Club del Comercio, en Caracas, Venezuela”, 21 de marzo de 1881, en Obras completas, t. 7, colección digital, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, p. 284.

__________: “Nuestra América”, en ob. cit., t. 6, p. 19.

__________: “El Congreso Internacional de Washington”, La Nación, Buenos Aires, 19 de diciembre de 1889, en ob. cit., t. 6, p. 46.

__________: “Discurso en el Liceo Cubano de Tampa”, 26 de noviembre de 1891, en ob. cit., t. 4, p. 270.

Fidel Castro: Ob. cit., pp. 73-74.

José Martí: “Discurso en el Liceo Cubano de Tampa”, ob. cit., t. 4, p. 270.

 

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